«Iglesia, levántate y resplandece»
Juan Pablo II en Vélez, 1987 | © Wikimedia

«Iglesia, levántate y resplandece»

Ante la próxima visita del Papa León XIV a nuestra Argentina, debemos pedirle al Señor que ella sirva, plenamente, para que el Sumo Pontífice, nos confirme en la Fe. Porque ésa es, sobre todo, la misión del Sucesor de Pedro, según el mandato del propio Jesucristo: Yo he rogado por ti para que no te falte la fe. Y tú, después que hayas vuelto, confirma a tus hermanos (Lc 22, 32). También, nosotros, debemos pedirle al Señor, auméntanos la fe (Lc 17, 5). Siempre deben interpelarnos las palabras de Cristo: Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra? (Lc 18, 8).

Oración, penitencia y limosna son los medios que todos los católicos tenemos a nuestro alcance. Y que, en estos días, debemos intensificar, de cara al anunciado viaje. Muy oportuno sería implorarle a Dios que nos libre de meras miradas sociológicas o políticas, sin referencias sobrenaturales. Los frutos de esas jornadas de noviembre solo los cosechará el Señor, con sus tiempos y sus modos. No está en nosotros calcularlos con cifras y estadísticas. La labor silenciosa de Dios en las almas no puede medirse por el número de concurrentes a los estadios, ni a los actos o celebraciones masivos.

Es evidente, de cualquier modo, que León XIV no encontrará a su paso aquel Paraíso --según sus propias palabras- que halló el entonces Cardenal Eugenio Pacelli, luego Papa Pío XII, en el Congreso Eucarístico Internacional de Buenos Aires, de octubre de 1934. No será el caso, tampoco, de establecer comparaciones con el baño de multitudes que recibió San Juan Pablo II, en sus dos visitas a nuestro país, en 1982 y 1987. León XIV se encontrará con otra Argentina, crecientemente degradada espiritual y materialmente. Y con una Iglesia que ha visto descender, de manera alarmante, en los últimos años --especialmente, desde 2013- su número de fieles, y la práctica religiosa.

Es oportuno, entonces, casi 40 años después, volver a meditar sobre las palabras de San Juan Pablo II, en la Misa para los consagrados, que celebró en Buenos Aires, el 10 de abril de 1987. Allí, el Papa polaco nos hizo un apremiante llamado: ¡Iglesia en Argentina! «Levántate y resplandece, porque ha llegadο tu luz, y la gloria del Señor alborea sobre ti» (cf. Is 60, 1). Es evidente, cuatro décadas después, que ésa es una tarea a cumplir. Atrapada en distintas trampas ideológicas, buena parte de la jerarquía eclesial argentina ha diluido el mensaje evangélico; y asiste impávida a la sangría permanente de fieles. Debe conmovernos saber que, en 1960, el 90 por ciento de los argentinos se declaraba católico; hoy apenas lo hace el 57 por ciento. Y se sigue en caída libre.

Haber dejado el anuncio valiente, firme y profético de Jesucristo, y centrarse casi exclusivamente en lo «político y social», hizo que una infinidad de bautizados se pasasen a distintas denominaciones evangélicas. Y, peor aún, que otros tantos engrosaran el número de los que se presentan como sin identificación religiosa, o con una «religión» fabricada a medida. Ni de lejos en nuestro país la fe se hizo cultura. Las palabras episcopales, ancladas en lo que he denominado «extremismo de centro» (para no quedar mal ni con la «derecha», ni con la «izquierda»), no tienen la más mínima repercusión; más allá de algunos chisporroteos políticos. Y, en los últimos años, como consecuencia del creciente sesgo progresista, se ha renunciado en la práctica a levantar la voz, decididamente, en defensa de la vida, el matrimonio y la familia, por considerarlos «temas de la derecha». Los llamados «nuevos paradigmas» campean a sus anchas por las diócesis. Y como ha ocurrido en lo económico, también en lo eclesial tenemos «hiperinflación» de obispos. Desde 2013, por ejemplo, se multiplicó el número de obispos auxiliares, bastante jóvenes, identificados con la línea del Pontificado anterior.

La «teología de la liberación», su versión nativa de la «teología del pueblo» y el «tercermundismo» (denunciado, proféticamente, en su libro «La Iglesia clandestina», por Carlos Alberto Sacheri; asesinado por terroristas del Ejército Revolucionario del Pueblo) hicieron estragos en la Iglesia que peregrina en Argentina. Vaciaron conventos y seminarios; impulsaron masivas deserciones en el clero y la vida religiosa; relajaron la disciplina de los claustros y hasta arrastraron a la violencia armada a jóvenes de parroquias. Seminarios que se destacaron por su fidelidad y sana doctrina, como los de San Rafael y San Luis han sido cerrados. Y otros que intentaron formar, igualmente, sacerdotes viriles, íntegros, fervorosos y misioneros, han sido desnaturalizados, y hoy se debaten entre el naufragio y la muy probable desaparición. Hay diócesis que tienen más obispos que seminaristas.

El modelo «asambleario», que conoció la Iglesia porteña sobre el final del siglo XX y la primera década de este siglo XXI, ha sido exportado a la Iglesia universal, con la tan declamada «sinodalidad». Ya casi ni se habla de Iglesia comunión. Y se asiste, con estupor, a los crecientes desafíos de la iglesia alemana --y otras- contra la sana doctrina y la disciplina. ¿Se busca avanzar hacia una «federación de iglesias nacionales»? ¿Quiere imitarse, acaso, a los anglicanos, que parecen dirigirse, decididamente, hacia su extinción? Que el Señor ilumine al Papa León XIV para que se ponga coto a este permanente estado deliberativo. La Iglesia no está para «votar» una nueva fe, sino para cumplir la Voluntad de Dios, que quiere que todos los hombres se salven, y lleguen al conocimiento de la Verdad (1 Tm 2, 4).

Otro gran reto que el Papa tiene por delante es confirmar, con claridad, la enseñanza de la Iglesia sobre los valores no negociables, sobre el principio y fin natural de la vida; el matrimonio y la familia; la libertad de los padres para elegir libremente la educación para sus hijos, y el bien común. No será fácil, por cierto, salvar tantas consecuencias gravísimas de documentos como Amoris laetitia, Traditionis custodes, y Fiducia supplicans, entre otros.

Ayer, hoy y siempre, la verdadera reforma de la Iglesia la hacen, con la gracia de Dios, los confesores y los mártires. El 22 de este mes, al ordenar 14 sacerdotes en la diócesis de Makurdi, en el estado de Benue, en Nigeria, el arzobispo de San Francisco (Estados Unidos), Monseñor Salvatore Cordileone, enfatizó que «Occidente necesita no solo la voz de África, sino también su testimonio, en particular el testimonio de Nigeria». Allí se cumple, una vez más, aquello de Tertuliano: «Sangre de mártires, semilla de nuevos cristianos». África será, en el siglo XXII, el continente con mayor número de católicos del mundo. Allí, en verdad, la Iglesia se levanta y resplandece. –

 

+ Héctor Aguer.
Arzobispo Emérito de La Plata.

Buenos Aires, sábado 29 de agosto de 2026.
Martirio de San Juan Bautista. -

 

11 comentarios

Juan Mariner
En el fondo, a toda acción le corresponde una reacción. La actitud de los lefebvrianos es nada más ni nada menos que una correspondencia a la actitud de los muñidores de AL, FS y TC. El corderismo de matadero no lleva a nada bueno. Quitémonos el sombrero ante Dios, pero no la cabeza. Obediencia no es sumisión.
5/09/26 1:09 PM
Tito España
¡Muchas gracias, Monseñor, por su claridad!
Que el Señor proteja a su Iglesia siempre.
5/09/26 4:26 PM
Jose
Espero que el Papa lo lea antes del viaje...

("No será fácil, por cierto, salvar tantas consecuencias gravísimas de documentos como Amoris laetitia, Traditionis custodes, y Fiducia supplicans, entre otros."
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Que no han sido derogados, ni pareciera que lo serán nunca.)
7/09/26 2:46 AM
Dámaso
Con los pésimos obispos que tiene Argentina el catolicismo irá a peor,son tan demoledores como los alemanes.
7/09/26 9:29 AM
millan
Hoy son los fieles los que tienen que levantarse y pedir la perseverancia final , no es juego lo que el Estado y los cómplices de este en la jerarquía están haciendo con las almas , tiempos finales , que DIOS nos asista!
7/09/26 6:21 PM
Carlos
Gracias, Monseñor, por la claridad con la que expone los males que nos aquejan, por decir la verdad sobre la situación de nuestra Iglesia y por recordarnos cuál es el camino que debemos seguir.
7/09/26 7:17 PM
ROBERTO IBARRA VIDELA
Que claridad Monseñor. Que Dios lo bendiga siempre ante tal testimonio y el buen combate de la fe . Siempre , aun en la vejez es posible dar fruto, pues así esta prometido. La Paz,
9/09/26 5:56 PM
Jorge Halperin
Roguemos a Dios NS porque la Santa Iglesia En Argentina camine por la senda del amor y la verdad
10/09/26 11:19 AM
Fuenteovejuna
Gracias, Monseñor, por describir con claridad meridiana la crisis terminal que hoy vive la Iglesia fruto de la apostasía de tantos, sin duda una señal que parece confirmar la profecía de San Pablo en la II a los Tesalonicenses cuando les dice que antes de la venida del Anticristo la noche de la apostasía caerá sobre la Iglesia. ¿Serán estos, nuestros días, los Ultimos Tiempos...?
Aprovechando que Usted menciona el Seminario de San Rafael -ya desaparecido- como un ejemplo de formación y sana doctrina, hace poco estuve leyendo la carta que su fundador, Monseñor León Kruk, le enviara en 1991 al Papa Juan Pablo II rogándole que acepte su renuncia a la Diócesis, harto ya de los calificativos de preconciliar, integrista y lefebvrista de quienes lo acusaban sin piedad y que no eran precisamente los enemigos de la Iglesia, sino sus propios hermanos en Cristo. Tan grande fue su tristeza por la traición de los suyos, que le confesó al Papa que "Hasta desearía que el Señor abreviara mis días en la tierra". Al ver la santidad de Monseñor Kruk el Santo Padre le rechazó la renuncia y lo confirmó en el cargo, no así Nuestro Señor, porque pocos días después se la aceptó cuando al volver a Mendoza un accidente automovilístico segó su vida terrena como si ese hubiera sido el premio anticipado de la vida eterna que Dios tiene reservado para sus elegidos.
Si eso ocurrió hace más de treinta años, me imagino lo que debe ser hoy y especialmente después de 2013, un drama que sin duda
12/09/26 4:12 AM
Fuenteovejuna
No sé qué ocurrió, pero es evidente que mi comentario se publicó incompleto. Aquí va entonces la parte que faltaba:
Si eso ocurrió hace más de treinta años, me imagino lo que debe ser hoy y especialmente después de 2013, un drama que sin duda Usted conoce mucho mejor yo.
Que Dios lo bendiga Monseñor y le dé las fuerzas necesarias para continuar con esta batalla desigual que, si bien hoy parece perdida, cuando el enemigo menos lo espere la victoria será nuestra porque Dios nunca necesitó del número para vencer.
12/09/26 8:34 PM
Angeles Wernicke
Gracias, querido monseñor Aguer, el único obispo argentino que estuvo en las multitudinarias manifestaciolnes en Buenos Aires en contra de la ley del aborto que se estaba tratando en el Congreso...
13/09/26 6:16 PM

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